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Caminar en silencio


Caminar en silencio.
¿Qué sentido tiene todo?
Contemplo en mi camino la naturaleza, siento el frío, el cansancio, el barro pegado a mis botas de peregrina, la lluvia caer sobre mi cabeza... y pienso. Llevo la historia de mi vida sobre los hombros y la carga de esta amargura en la que estoy instalada pesa como una losa. Lloro con cada pensamiento.
María lo llena todo y su ausencia me acompaña en cada paso.
La imagino riendo como siempre, diciéndome: "Mami, no te ralles". La sueño asomada detrás de cada árbol para darme uno de aquellos sustos que siempre me sorprendían y que terminaban en un abrazo inmenso "mira que eres tonta, mamá jajajajaja".
Camino.
Quizás yo era la que menos confiaba en  poder completar mi peregrinar a Santiago, pero no quería defraudarla y se que María estaba de alguna forma conmigo alentándome en cada cuesta, animándome en cada descenso. Llegamos a Santiago el día 17 de Junio, justo 6 meses después de su accidente.
Durante nuestros 12 días de peregrinación no hemos cejado en nuestro empeño de seguir nuestro Camino ni un solo día. El Camino tiene algo mágico, es cierto. Te va llevando.

Encontramos gente estupenda con la que compartimos charlas y también silencios.
Y se obraron algunos milagros de los que suelen hablar los peregrinos. Son ciertos. Son casualidades o causalidades, no se bien como llamarlas, pero existen.
En nuestro caso, conocimos a una chica que nos alojó en su preciosa casa rural "La Calleja" en Fraga Alta Castañeda cuando tuvimos un imprevisto en el albergue que habíamos reservado. Un encanto de persona, toda sensibilidad y cariño. Nos dedicamos a charlar toda la tarde. Hablamos de la vida, de la familia, del universo... Lloramos juntas y conectamos. Casi al final de nuestra conversación me dijo que se llamaba María, María López. El mismo nombre y apellido que mi hija. Estoy segura de que volveremos a vernos.
Dentro de unos meses María va a ser mamá de una niña que se llamará Jimena. Jimena va a tener mucha suerte porque su madre la espera llena de ternura y tiene mucho amor para entregarle y las dos serán muy felices porque ya saben que la esencia de la vida está en las cosas pequeñas.

Otro de esos "milagros" lo encontré también de casualidad en la salita de estar de la pensión "O Xardín de Xulia" donde nos alojamos al llegar a Santiago. Un libro en una estantería: "La soledad compartida" de Walter y Flan.
No se por qué, pero mi vista se fue directamente hacia ese libro, leí los cuatro primeros párrafos y no pude resistirme, de modo que en lugar de acostarme a descansar que era lo que me pedía el cuerpo, me senté en una tumbona del jardín y pasé la tarde leyendo la aventura de Walter y su perro Flan, dos peregrinos en el Camino de Santiago. No me dio tiempo a terminarlo, así que me lo llevé prestado. He avisado de que lo devolveré en cuanto lo acabe. Su lectura me está reconfortando tanto que he conectado con Walter por messenger para agradecérselo y él me ha contestado. Muchas gracias Walter!!

También quiero dar las gracias a todos por vuestro apoyo durante estos días, y muy especialmente a mi hijo David, que también hizo el Camino con el pensamiento desde Cardiff porque sin la fuerza de su amor nos hubiera sido imposible. Hicimos el camino los cuatro, como siempre.



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