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Aquí conmigo. Un año después de decirte adiós.





Y si me estuviera volviendo loca…

¿Es posible que nuestro cerebro perciba lo que nos va a suceder en un futuro próximo aunque no seamos conscientes de ello? ¿Qué sentido tiene todo?

Hacía un par de años, quizás tres, que María, impactada por la muerte de un joven español al que habían encontrado en el puerto de Estocolmo y al que tardaron mucho en identificar, había decidido hacerse un tatuaje en su brazo con la dirección GPS de nuestra casa. Nos lo enseñó y nos dijo: “si algún día me pasa algo, quiero que sepan donde vivo”.  Estás como una cabra hija, le dijimos. Curiosamente su último viaje, un mes antes de su accidente, fue precisamente a Estocolmo.

María se había hecho donante de órganos y firmado su “testamento vital”. Si me pasara algo, decía, no quiero que me mantengan viva de forma artificial. No quiero vivir si no soy yo misma. Hablamos en casa sobre la muerte digna al final de algún telediario, tras alguna noticia relacionada y de forma completamente natural aunque entonces inocentemente lejana. Quién podía a sospechar entonces lo que la vida nos tenía preparado...
Hoy hace un año que María fue desconectada.


María, en un rato de nostalgia o aburrimiento en su pisito de Bedford, realizó, días antes de su muerte, un álbum de fotos organizado en tres partes y que comenzaba con esta frase “Este mundo está lleno de… Lugares que visitar… Gente a la que amar,  y Momentos para disfrutar. Llenó ese álbum con las fotos de su vida distribuidas cuidadosamente en esas secciones y lo terminó con una hoja en negro sobre la que escribió ese párrafo que yo ahora repito cada día como un mantra:

Recuerda que no has dejado nunca de disfrutar un solo minuto. Que nunca has perdido la oportunidad de hacer lo que te hace feliz. Los años pasarán pero tú has creado preciosos recuerdos y has hecho tambalear el mundo con cada paso que has dado.
Por favor, no te olvides de disfrutar y de amar.

Únicamente la familia y algunas amigas íntimas son conocedoras de otras “anécdotas” que relacionan directamente a María con su muerte.

Se que pensareis que hilar todos estos hechos a posteriori son quizás fruto de mi necesidad de dar algún sentido a lo sucedido, pero yo, en estos momentos no estoy segura de nada.
¿De dónde venimos? ¿Por qué? ¿A dónde vamos? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Puede el cerebro adelantarse en el tiempo? ¿Tenemos una misión? Que poco sabemos de la vida y de la muerte.

Si algo he aprendido en este terrible año, es que el pensamiento racional no me lleva a ninguna parte. Por más que intente darle vueltas a todo, la esencia de la vida se escapa a mi conocimiento. No hay razón que sea capaz de comprender, no entiendo nada, de modo que estoy aprendiendo únicamente a sentir. Quizá el enfoque sea ese. Sentir dolor, sentir amor, sentir compasión, sentir nostalgia, sentir…

María dejó cerrados sus círculos. No dejó “cuentas pendientes”. No dejó de pedir perdón a nadie cuando se equivocó, ni de decir lo mucho que quería a los suyos. No escatimó en besos y abrazos para todos los que amaba, en ofrecer palabras de consuelo y ayuda cuando la necesitaron, en esfuerzo y entusiasmo ante las oportunidades de la vida. No dejó de hacer nunca lo que le gustaba, de decir lo que pensaba, y de disfrutar de todo y de todos.
Ojalá pudiéramos irnos a dormir cada día con esa lección aprendida.

Querida hija:
Trato de seguir tus indicaciones al pie de la letra, y aunque flaqueo con frecuencia, quiero que sepas que cada día intento hacer algo de lo que te sentirías orgullosa y se que papá y David también están haciendo todo lo imposible para honrar tu memoria.
Te quiero y te echo de menos, pero te siento siempre conmigo. Aquí conmigo.


Comentarios

  1. María y sus sabias palabras, siempre.
    En el lugar y momento correcto.

    Te echo de menos, María, todos y cada uno de los días.
    A veces te escribo para contarte cómo me van las cosas, qué novedades me ha traído la vida..en mi libreta que, algún día, será tuya. Ojalá tú aquí. Ahora.

    Te quiero.

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    Respuestas
    1. Querida Carla, tu tienes también tu lugar en su album de fotos. Cuántas risas juntas para recordar ¿verdad?. Un abrazo gigante.

      Eliminar
  2. Querida Marisa, gracias por tus palabras sobre mi hermano, yo también quiero a María de una forma que tampoco puede entenderse con la razón. Pues cuando descubro que has escrito una nueva entrada, sí, como tú dices, el cerebro se anticipa, y yo ya sé que me vas a hacer sentir, que vas a romper este interior congelado, q voy a entender con el corazón cada una de tus expresiones.

    Yo sí creo q el cerebro es capaz de adelantarse, o tal vez la intuición del alma. Yo tuve muchas señales, en sueños un gran terremoto y tsunami destrozaban mi vida, y luego despierta tuve señales q eran imposibles de descifrar en ese momento, sólo a posteriori. Pero no porque necesitemos ver donde no hay sino por algo q he aprendido hace poco gracias a mi terapeuta: CUANTO MÁS AMAMOS A ALGUIEN MÁS CIEGOS ESTAMOS PARA VER VENIR LO INESPERADO E INDESEADO HACIA ESE ALGUIEN.
    Da igual lo fuerte q sean las señales, el amor ciega, no acepta lo inaceptable, y sólo se ven cuando no hay remedio. Aprender esto me viene bien para rebajar la culpabilidad q siento por no haber evitado su marcha.
    No podemos entender nada, sólo sentir la devastación y confiar en un renacimiento.

    Me da paz la sabiduría de María, me da ejemplo por cómo aprovechaba la vida, ya q yo estoy paralizada, sin saber cómo gestionar la pesadilla. Haré mío ese mantra vuestro.
    Mi hermano, hastiado de su trabajo, solía decir que la vida era una broma que le gastaban a uno. Yo creo q la muerte también, una broma mucho más pesada, complicadísima de sostener e imposible de entender, tal vez porque no exista. Y cuando despertemos de esto que llamamos vida, y volvamos a vernos todos ojalá riamos tanto que no necesitemos entender nada. De eso va la risa, del absurdo de no entender, ojalá esa otra dimensión vaya de lo mismo, de reencontrarnos sin entender nada. Sólo reír, reír, reír. En un eterno abrazo.

    Para ti, mientras tanto, mil besos, mil abrazos y mil razones para continuar.

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